|
FIGURAS: Tornatore en La Habana
Por Elizabeth López Corzo
Haber tenido la oportunidad de un ciclo tan completo del cineasta italiano Giuseppe Tornatore, uno de los más reconocidos de su país a nivel internacional, es un privilegio, y si agregamos a esto la presencia del propio Tornatore, la fortuna se multiplica.
Solo decir su nombre en Cuba atrae muchísimos admiradores, no porque ha sido ganador de importantes premios como el Óscar o el Globo de Oro, sino porque el cine de Tornatore es siempre una invitación a amar la vida, las ilusiones, a ser parte de la Belleza.
¿Por qué decidió el autor de Cinema Paradiso venir a Cuba? «La Unión de Círculos de Cine (UCCA) de Italia me propuso proyectar un ciclo en La Habana y acepté sin mirar mucho la agenda, porque me pareció que venir aquí era un privilegio; no solo por la oportunidad de presentar todos mis filmes, sino porque Cuba es un país que no había visitado antes y que siempre me pareció muy atractivo. El privilegio es mío, estoy feliz de estar aquí y ver los carteles de mis películas por todas partes. Lo que lamento es no poder estar por más tiempo, así que me gustaría volver».
En público Tornatore se muestra serio, reflexivo, pero cuando se habla de su pasión por el cine, los ojos le brillan y sonríe, sobre todo si alguien menciona a Cinema Paradiso, la película que lo hizo grande.
«Cinema Paradiso es lo más amado de mi obra por lo popular que ha sido. Cuando apareció en Italia fue un desastre, un fracaso: no le gustó a la crítica, decían que era muy larga, pero yo no creo que ese haya sido el motivo. Hicimos un corte y fue un desastre nuevamente, la crítica siguió siendo negativa.
»Casualmente esta última versión llegó a Cannes y ahí el filme gustó mucho a la crítica internacional, al público y los distribuidores. En dos días fue vendida a más de 30 países y entonces vinieron los premios (Oscar, Globo de Oro…). Nunca sabré qué hubiera pasado si hubiera presentado la versión original de Cinema Paradiso», que casi es la historia de su vida, de cómo aprendió a amar el séptimo arte.
Tornatore se hizo director siendo cinéfilo, ver cine fue lo que lo convirtió en lo que es hoy; sin embargo, no puede mencionar una cinta favorita. «No existe un filme específico, todos me llevaron a mi profesión, todos condicionaron mi trabajo».
El universo de un creador es siempre un misterio, incluso para el propio artista, desde que surgen las ideas hasta que las lleva a cabo o descansan eternamente en su fantasía. Tornatore es de ese tipo de autores que guarda las historias consigo y cuando están realmente maduras, las convierte en una película.
«Hay ideas que son fugaces, que no trascienden, por eso no todas pueden convertirse en un proyecto serio; sin embargo, cuando una idea permanece en la mente, entonces hay más motivos para concretarla. Todas mis películas han tenido incubación larga y, mientras más las demoro en la mente, más fácil puedo realizarlas luego».
La humildad es una de sus cualidades. Prefiere que lo vean como lo que es: «un realizador curioso al que le gusta mirar a su alrededor» y compartir su arte porque «el cine es un oficio que no puede guardarse bajo llave. Quien tiene el privilegio de hacer cine, tiene la obligación de mostrarlo a los demás». Por eso respondió con emoción que aceptaría con gusto ofrecer una conferencia aquí.
No es amigo de la fama. Claro que los premios lo han hecho muy feliz, ha estado en la cúspide de la gloria, pero a los dos días de recibir cualquier distinción, sin luces ni glamour, vuelve a su trabajo como siempre, es su «método como siciliano».
Casi todas sus películas llevan el sello del gran músico italiano Ennio Morricone. «Con Morricone me unen varias cosas», dice Tornatore, «y una es que nunca estamos satisfechos, siempre queremos perfeccionar nuestro trabajo». Tornatore es muy respetuoso con la música, no le gusta crearla después del filme, le parece un montaje fatídico, prefiere trabajar de forma paralela, que se sienta que es parte indisoluble de la narración.
Al igual que la sensibilidad de Morricone, Sicilia, su tierra natal, ha sido un tema recurrente en la obra de Tornatore. Considera a la Sicilia «materia cinematográfica por sí misma, aunque mi cine no se ha dedicado solo a esto, sino a cosas muy diversas, pero de forma cíclica he regresado a ella».
¿Cuánto puede haber influido un entorno tan controvertido y peculiar como la Sicilia en un artista como Tornatore? El cine italiano tradicionalmente ha tenido agudos enfoques hacia lo social. La obra de Tornatore no es una excepción. «Creo que mi cine se inserta en esta tradición como una continuidad. Casi siempre, salvo en excepciones, mis filmes reflejan el realismo de una tensión civil. Mientras más se globaliza el mundo, más necesaria es la existencia de un cine de denuncia, reflexivo, humano».
¿Se puede decir que Baaria (su último filme) es un ejemplo de este cine social? «Sí. Baaria habla de muchas cosas, política y sociedad son parte de ella. Es una película acerca del sentido de pertenencia y, aunque habla de la vida en un pueblo de Sicilia, ha sido capaz de provocar efectos similares en otros países donde se ha proyectado, pues el vínculo suyo con Sicilia no es diferente al de un cubano con su país o cualquier otra persona con su tierra.
»La génesis de Baaria es muy particular, precisamente porque no tiene un origen definido. Siempre quise hace un filme como este, donde pudiera transformar toda esa montaña de imágenes, sonidos, rostros y hasta perfumes que conforman el mundo en que hemos nacido.
»Muchas veces, tratando de explicar el porqué del filme, recordé la frase de García Márquez -un escritor que admiro mucho y sé que está muy cerca de Cuba-: “la vida se vive para contarla”, y Baaria es eso. Quizás mi error está en que aún no tengo edad para hacer este tipo de películas. En Baaria he tratado de contar mi vida, pero sobre todo la de la gente que ha hecho posible lo que yo soy, así que es un homenaje, un acto de agradecimiento a mi familia y al lugar donde viví mis primeros 25 años».
|