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ENTREVISTA: Ernesto Rancaño: ¿Quién me abraza a mí?

Por Yimel Díaz Malmierca
Figuras humanas de ambos sexos y de los más variados tonos de grises en la piel posan frente a una luz blanca infinita. Los brazos abiertos, como listos para apresar esa realidad que se abre frente a ellos, pero que el artista ha preferido dejar a la imaginación de cada espectador. Son los Abrazos prohibidos (VER GALERÍA) que el pintor Ernesto Rancaño nos muestra en la galería Habana, del Vedado de la capital, durante casi todo diciembre del 2009 y parte del enero que recién comienza.
¿Por qué Abrazos prohibidos? ¿Alguien te prohíbe abrazar?
“El que prohíbe puede ser uno mismo, el tiempo, la circunstancia… y esos abrazos pueden ser cosas que han quedado inconclusas, incompletas; no tuviste unas, pero sí otras. También es algo que uno anhela y ha perdido. Las figuras pueden haber tenido un mal momento, pero están de frente a la luz, a una luz absoluta, a una realidad que no se muestra pero que existe. A pesar de los anzuelos, las espinas y los cuchillos… Es una visión optimista y me llamó la atención que en la inauguración la gente se miraba y se abrazaba”.
"LO QUE INTENTO ES SER UN INTÉRPRETE DE MI PROPIA VIDA"
Desde que en 1991 se graduó en la Academia de San Alejandro, Rancaño no ha dejado trabajar: “Lo que intento es ser un intérprete de mi propia vida”, ha dicho este dador y pido prestada la palabra al maestro Lezama para definir a un hombre que solo encuentra la paz cuando dibuja o cuando se entrega, con igual pasión, a una causa noble como la gira con Silvio Rodríguez y otros artistas por las cárceles de Cuba, o a la “cruzada” contra ciclones de la brigada Martha Machado, liderada por su colega y “hermano”, Kcho.

En esa última nos conocimos y luego de varios días espantando las tristezas de los que perdieron sus techos por la furia de Ike y Paloma, aprendí a mirarlo de otra manera. La fascinación ante el uso exquisito del color y las barrocas historias de sus piezas, se transformó en admiración por el hombre que, desde su perenne timidez, aparecía justo cuando se precisaban dos brazos, da igual si para cargar una teja, recoger escombros o dibujar una tela junto a los niños damnificados. Solo una circunstancia lo hacía dudar, ser el protagonista, lo mismo de una charla que de una entrevista.
"NO ES LA PRIMERA VEZ QUE TRABAJO EL BLANCO Y NEGRO"
Más de un año después nos reencontramos en la inauguración de su más reciente exposición —Abrazos prohibidos (Galería Habana, Línea y E, Vedado) —, una verdadera sorpresa para los seguidores de su carrera. En ella se muestra un Rancaño igual de sensible pero más sobrio, como concentrado en las esencias de la vida, en los anhelos, en los dolores, en los sueños… y para ello le bastan la claridad inmensa del blanco, el trazo preciso y vital del carboncillo, un toque de rojo y elementos diversos que convierten su obra en certeras lanzas al alma.
“No es la primera vez que trabajo el blanco y negro —explica el Ranca, como le dicen sus amigos—, en realidad fue de lo primero que hice cuando me gradué, aunque entonces las razones eran la escasez de materiales.
“Cuando estaba preparando la exposición para el Salón de los Pasos Perdidos, en la sede de las Naciones Unidas —Art Cuba, 2005, Ginebra, Suiza — el curador me propuso que retomara ese trabajo. Eso representó un cambio formal en lo que hacía hasta entonces pero el discurso seguía siendo dulce, suave.

“Estando en Ginebra me censuran dos obras porque eran desnudos. Fue algo que me hizo sentir muy mal y los organizadores, en compensación quizás, me propusieron hacer una pieza para la sede de la Organización Internacional del Trabajo. En tono medio irónico, cogí una gran pala de nieve que me encontré por allí, la llené de espinas y le puse “Noble ser”, jugando con la frase de que el trabajo ennoblece, así nació esa serie que ahora tiene un martillo, una pala de albañil y otras piezas, incluidos algunos dibujos.”
¿También hay en esta nueva etapa de tus vivencias en la gira por las prisiones y con la brigada Martha Machado?
“Antes de que Silvio me llamara para la expedición por las prisiones ya estaba pensando en preparar una exposición sobre el tema de la serie Abrazos prohibidos. En ese momento tenía hechas dos obras y las imágenes eran más de ensueño, una es la mujer con alas de libélula —no incluida en la muestra— y la otra es la de los ojos —Pasado imperfecto, técnica mixta— con que se hizo el cartel de la exposición de la Galería Habana.
“Donde primero los expuse fue precisamente en las cárceles, en una gira que duró un año. Luego vino lo de Kcho con lo de los huracanes y en lo personal estaba divorciándome. Si no quedaba eso en mi obra, todo sería mentira y la historia cambió, los ángeles se trasformaron en algo más duro, en personajes con problemas diversos.”
¿Es una etapa transitoria entonces?
“Ahora no es solo el dibujo, es también la experimentación con lo que uno le va poniendo arriba y que me ayuda a conseguir un lenguaje más directo. Estas piezas llevan también un proceso de quitar y quitar. Mi obra anterior era muy barroca, eran historias que se enredaban por aquí y luego se empataban por allá. Ahora, cada vez que siento que me voy del tema, me alejo y regreso a quitarle lo que está de más.

“Cuando la gente me pregunta por qué cambié, pienso que la obra personal es como una casa que te vas construyendo, y las etapas son como habitaciones en las que, en determinado momento, abres otra puerta, cambias de espacio, pero sigue siendo tu casa y puedes pasar de una habitación a otra siempre que lo necesites.”
Pero mientras las figuras que hablan de abrazos se van consolidando dentro de su obra, muchos seguirán admirando aquellos óleos post medievales, según los calificó un crítico, en los que la figura de nuestro Héroe Nacional es un motivo recurrente: “Llegue a Martí por Silvio Rodríguez pues me pidió que le pintara uno cuando yo estaba recién salido de la escuela de arte. Desde entonces comencé a informarme sobre la obra martiana con mayor responsabilidad y actualmente todo lo que leo me sorprende. En el taller tengo las Obras Completas editadas en 1953, me las regaló un amigo del preuniversitario, reviso los distintos tomos al azar, cuando estoy pintando y me cojo un chance o cuando me trabo con algo, voy hasta ellos y los abro. También he leído algunas de las críticas y ensayos que se han escrito sobre su obra pero prefiero que sea él mismo quien me cuente su historia”.
Comentarios: Luis Dávila Lanfranco. (PERÚ) : Excelente COUINCIDENCIA EN LOS DETALLES EXPRESIVOS. Soy del puerto del CALLAO.Por ende, CHALACO. Hombre Chala. Según definiciones antropológicas definidas. Las expresiones del hombre costeño, son muy peculiares. Mostrando expresiones típicas, algo exsageradas. Muy diferentes al habitante de las altras andina, entyre cerros, valles y cordilleras nevadas. I gualmente los detalles del hombre de las selvas planas . Con gusto haré llegar imágenes muy típicas , que aseveran y dan refuerzo. A la belleza de vuestra publicación. QUIEN ME ABRAZ
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